Después de tanto trabajo durante el año, de tantas noches de ensayo pasando frío, de un largo traslado, de una larga noche de montaje, de tantos actos preparatorios, imposición de medallas a las nuevas costaleras, pregón (magníficico y muy sentido de D. José Tomás), cena de Hermandad (en la que montamos el pitote, bueno mas que nada hicimos bailar la pelusa hasta a las autoridades pertinentes). Llegó la Semana Santa. Y como llegó, pasó... deprisa, demasiado deprisa. Quizás pase tan deprisa por lo seguido de estos actos... o quizás simplemente, porque el tiempo pasa deprisa.
El Lunes Santo llegó y llegó radiante, esperábamos una noche fría pero no fue así. Pero más radiante que el día estaba nuestra María Santísima de la Victoria, rodeada de flores (preciosas, como siempre, gracias Mari por el cariño con el que la arreglas), que nos esperaba con sus brazos abiertos, una a una, a sus costaleras, para que la lleváramos por las calles de Elche como solo Ella se merece, suavemente, poco a poco, meciéndola con gusto... así le gusta a Ella y así la llevamos nosotras.
Desde el saludo a nuestro Cristo de la Columna, pasando por el sentido Ave María cantado por nuestra compañera Laura, como siempre, maravillosa (un beso de cada una de nosotras), la salida, esa Porta Xiquica, la calle Hospital tan penosa, esa llegada al Ayuntamiento con Victoria del Polvorín, el encuentro con nuestro Cristo, Aromas Ilicitanos, la cuesta, esa maravillosa cuesta y el retorno por la calle San Miguel. El Ave María tocado por nuestra banda, la Unión Musical de Crevillente embocando la plaza, la plaza de El Salvador con nuestras bandas tocando, la de tambores y la de Cornetas y Tambores a las que tanto cariño les tenemos y la entrada, esa entrada tan emocionada y emocionante, y una vez dentro ese Lloran los clarines que nos pone los pelos de punta y nos vuelve a la cruda realidad. Ya se pasó, la Victoria está de nuevo en su casa y para nosotras se acabó la Semana Santa.
Os tengo que felicitar a todas por la magnífica procesión que habéis, bueno que hemos hecho este año, María Santísima de la Victoria sonreía feliz, contenta por ese gran paseo por las calles, mientras nosotras llorábamos el haberla dejado en casa.
No os preocupéis Ella siempre está ahí esperándonos, y antes de que nos demos cuenta será de nuevo Semana Santa y la volveremos a sacar a la calle, como nosotras sabemos... con el corazón.

Foto cedida por Tomás Sanchíz


